Las “verdades” que nos contamos a nosotros mismos

 

“Catedrales”, Claudia Piñeiro, Alfaguara (2020), ISBN 978-987-738-715-5

“Catedrales”, la última novela de Claudia Piñeiro se centra en el misterio de la muerte de Ana Sardá, personaje ficticio cuyo cadáver fue encontrado hace 30 años, descuartizado y calcinado en un sitio eriazo al sur de la ciudad de Buenos Aires. La tragedia quebró a una familia entera; nunca se encontró al culpable. Algunos trataron de olvidar, pero Alfredo, el padre de la joven, no cejó en su afán por saber qué ocurrió con su hija menor, su “pimpollo” de solo 17 años.

Trama perfecta de un thriller, que Piñeiro teje con habilidad y buena prosa, pero que en el fondo y, como ocurre a menudo con el género de novela negra, tiene como trasfondo una crítica social más profunda que revela realidades tanto o más sórdidas e injustas que lo que la escena del crimen deja ver.

La historia se lee ágilmente desde múltiples perspectivas. Siete narradores van contando a su debido turno su particular visión de los hechos, en un relato donde todos hablan, menos Ana: Lía, la segunda de las hermanas Sardá, la más cercana a Ana, agnóstica y alejada de su familia tras su muerte; Carmen, la hermana mayor, de una religiosidad fanática, casada con Julián, un ex seminarista, ambos padres de Mateo, que a la hora del relato tiene 23 años de edad. También cuentan su versión Marcela, la mejor amiga de Ana, afectada de amnesia anterógrada, quien solo tiene recuerdos de lo que pasó hasta la noche de su muerte; Elmer, un criminalista que participó en su época en la investigación y, por último, Alfredo, el padre.

Entre todos logran recomponer para el lector un cuadro bastante exacto sobre qué ocurrió realmente con Ana, de lo cual no hablaré para no arruinarles el suspenso. La fuerza de la historia, sin embargo, no está en descubrir “quién fue”, ya que a mitad de camino en la lectura se empieza a develar cómo se desarrollaron los hechos que llevaron al trágico final. Me parece que lo interesante más bien es la manera en que Piñeiro muestra cómo cada personaje se aferra a su verdad, algunos con honestidad, otros manipulándola para acomodarla a sus conciencias, otros reconociendo sus limitaciones y buscando completarla.

Creemos que nuestro objetivo es saber “la verdad”, pero en realidad nos referimos a “nuestra verdad”, dice Elmer el criminalista, quien ayudará a Alfredo a encontrar esa verdad que el padre de la joven intuye pero que no osará decir con palabras.

Hay una denuncia importante a la hipocresía social de la obsesión por las apariencias, frecuente en las novelas de Piñeiro. También una crítica fuerte al fariseísmo de ciertos sectores de un catolicismo malentendido -sobre todo hace 30 años- que se apegan a la letra del código para dictaminar qué es y qué no es pecado, condenando a los otros y absolviéndose a sí mismos con espeluznante duplicidad y falta absoluta de caridad.

En todo caso, de la lectura de esta historia queda claro que el verdadero pecador no es siempre el que incumple la letra de la norma, sino su espíritu, así como el verdadero culpable no es siempre el que tipifica la ley.

Aunque ninguno de los siete narradores está explorado demasiado a fondo -lo cual me decepcionó un poco-, Marcela es de los que más me convenció en términos de voz capaz de generar empatía por la necesidad que tiene de que la escuchen. Julián, el ex seminarista, también es un personaje interesante por las contradicciones que encierra, así como Elmer, el criminalista, por ser el personaje más ajeno al núcleo familiar, que aporta una visión fresca y distinta al conflicto. La personificación de ambas hermanas (Lía y Carmen), en cambio, me pareció menos lograda y, en el caso de Carmen, levemente caricaturesca.

La novela cuenta también la historia de vínculos familiares, algunos destruidos, otro recreados y de relaciones de amistad profundas al centro de las cuales siempre se sitúa Alfredo, el padre de las tres hermanas, el personaje con más transformación dentro de la novela y el que me pareció más genuinamente humano en sus luces y sombras.

El buscó la verdad con honestidad y se dejó guiar por otros, al igual que el ciego del cuento de Raymond Carver, “Catedral”, al cual esta novela debe su título. El ciego de Carver nunca había visto una catedral y le pregunta al narrador (vidente) que le describa qué es, pero este no puede hacerlo con palabras. Entonces, el ciego le pide que la dibujen juntos, la mano suya sobre la mano del narrador. Dibujan juntos y solo ahí conoce él qué es verdaderamente una catedral.

“Catedrales” es en definitiva, una historia que atrapa y que a la vez deja reflexionando por un buen rato.  Es la novela más reciente de Claudia Piñeiro, consagrada escritora y guionista argentina, autora de numerosas novelas en su mayoría de crimen y misterio, entre las que destacan Betibú (2011) y La viuda de los jueves (2005), ambas llevadas a la pantalla grande.

Ni ficción ni realidad, sino todo lo contrario

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“Basada en hechos reales”, Delphine de Vigan. Anagrama (2016). Traducción: Javier Albiñana. ISBN: 978-84-339-3730-8 (versión digital)

Comenzando por el título, nos ponemos en guardia. ¿Es un relato real o “pura” ficción? Empezamos a leer; página tras página, se tiene la sensación de que hay que desconfiar, de que hay gato encerrado, de que puede ser lo uno o lo otro, o incluso, ninguno de los dos. Quizás lo sabremos al final; o capaz que nunca nos quede claro y a fin de cuentas ¿qué más da? La historia envuelve y fascina, nos deja pensando: los lectores hemos sido felizmente atrapados, dulcemente manipulados, pero no nos importa. Hemos disfrutado de una excelente novela.

“Basada en Hechos Reales” es la octava novela de la escritora francesa Delphine de Vigan, un thriller psicológico que cuenta la historia de una escritora llamada Delphine – igual que la autora- , quien luego de publicar con gran éxito un libro basado en el suicidio de su madre, entra en un periodo de sequía literaria donde no es capaz de escribir ni una palabra más; incluso acercarse al computador o redactar un email le provoca náuseas. En ese estado de abulia y vulnerabilidad conoce a L. -escritora fantasma de biografías de celebridades- y se inicia entre ellas una extraña amistad que va a devenir en una relación altamente tóxica y peligrosa.

La historia está narrada por Delphine, quien con voz serena y pausada va relatando paso a paso cómo L. invadió su vida y su personalidad en un proceso lento pero seguro del cual ella toma conciencia recién a mitad de camino y cuyas motivaciones solo entenderemos al final del libro.

L. aparece a sus ojos como una mujer sofisticada, de ideas tajantes que defiende con pasión y muy segura de sí misma. Justo lo contrario de Delphine quien se siente torpe, tímida, de esas personalidades que no soportan ser el centro de atención, sobre todo frente a la fama que le ha dado el éxito de su novela. La manipulación cae en terreno fértil; L. se perfila como la persona que la entiende mejor que nadie y la única dispuesta a ayudarla en lo que sea en estos, sus peores momentos.

Es un libro que destaca por tener varios niveles de lectura diferentes y donde todos se entrelazan, lo que refleja una estructura cuidadosamente diseñada por la autora hasta el más mínimo detalle. En el primer nivel está el thriller propiamente tal; la trama que atrapa, con un suspenso in crescendo y muy bien articulado, a medida que el control de L. sobre la narradora va ganando terreno y nos mantiene en vilo hasta la última palabra del relato.

Bastaría con esa historia para hacerla una novela de méritos. Sin embargo, esta tiene un trasfondo que la hace más interesante aún y es que nos remite a la eterna cuestión de realidad versus ficción en una obra literaria. Continuar leyendo “Ni ficción ni realidad, sino todo lo contrario”

Esos hilos invisibles que nos unen

Distancia de rescate S. Schweblin
 “Distancia de rescate”, Samanta Schweblin. Literatura Random House (2015). ISBN: 978-84-397-2948-8

Me leí “Distancia de Rescate”, de Samanta Schweblin en una tarde, sin pausa ni respiro porque no se puede de otra forma. Pocas veces un libro me ha agarrado como este, como para no poder soltarlo ni siquiera para hacerme un café, aunque no es la primera vez que me sucede con esta autora argentina.

Hay una urgencia que se impone en su escritura, que ya había notado en la excelente colección de cuentos “Pájaros en la boca” que comenté hace un tiempo en este blog; una tensión hipnótica que cala más hondo que nunca en esta, su primera novela (2014), lo que hace de ella una lectura imperdible.

Trata de Amanda y su pequeña hija Nina quienes pasan las vacaciones en una casa arrendada en el campo mientras su marido trabaja en la ciudad. Ahí conocen a Clara y a su hijo adolescente, David, que viven en la casa contigua. Se entabla una amistad y de ahí en adelante se suceden extraños eventos.

La historia la conocemos a través del diálogo entre Amanda y David; este interroga, aquella relata y reconstruye los sucesos con una inminencia tal que parece que todo estuviera viviéndose nuevamente, con todas las posibilidades de cambio y reformulación que ello abre. Se siembra así la duda acerca del final que creíamos intuir como algo seguro desde el inicio de la narración.

No digo más de la trama, para no arruinar la experiencia y el suspenso de su lectura. Este es el tipo de novelas a las que hay que ir con mente fresca y dejarse llevar por la historia y los numerosos recovecos e interpretaciones que ofrece. Solo agregar que este juego sutil de expectativas es muy efectivo y es posible gracias al lenguaje directo y concreto de esta autora quien no se detiene en adjetivos inútiles, sino que hace fluir la prosa con ritmo implacable.

La riqueza de esta novela es que se deja tomar desde muchas aristas. Hay elementos de denuncia ambiental, crítica social, fantasía, atisbos paranormales, suspenso y no poca emoción. Creo, sin embargo, que es el elemento humano el que cala más hondo: el drama personal es lo que atrapa e interpela.

En el fondo, está el tema de la maternidad, de los hilos invisibles que unen a madres e hijos y cómo reaccionamos cuando aquellos se tensan o relajan. El título de la novela (“Distancia de rescate”) hace referencia a la longitud de ese hilo: la distancia de rescate es para Amanda “esa distancia variable que me separa de mi hija” y se pasa la mitad del día calculando cuánto se demoraría en recorrerla para salvarla de algún peligro. Es un hilo visceral, que aprieta las entrañas cuando tira y también tortura de dolor cuando no se siente más.

En este sentido, la novela continúa explorando una temática ya tratada por la autora anteriormente. Varios de los cuentos de su colección “Pájaros en la boca”, por ejemplo, auscultaban el tema de la maternidad desde diferentes miradas; desde la de hijos incomprendidos por sus madres/padres; desde embarazos pospuestos, temidos o interrumpidos; de maternidades obsesivas e hijos incontrolables. En esta novela, Schweblin aborda el asunto escarbando más hondo en el miedo, la culpa y los extremos a que se puede llegar por rescatar al hijo(a). Lo hace de manera tan intensa que resulta imposible no sentirse tocada por algún aspecto de la historia.

En lo personal, encontré que esta idea de distancia de rescate resuena más fuerte que nunca en estos tiempos de confinamiento y distancia social obligada, donde muchos estamos muy lejos de nuestros padres y/o de nuestros hijos ya grandes. Es en momentos como estos cuando comprobamos con fuerza que ese hilo existe y sentimos cómo se tensa al percibir el peligro que acecha.

Duele no poder acortar la distancia, no poder ir al rescate. Sabemos que ahora es imposible y que, para salvar a otros hijos y otros padres, hay que seguir guardando la distancia entre todos y quedarse en casa, esperando que en los lugares donde estén los nuestros, otros sabrán hacer lo mismo.

 

Penas de amor bajo la lluvia

Villoro
“Dos amores perdidos”, Juan Villoro. Menoscuarto (2019) ISBN: 978-84-15740-59-9

¿Dónde quedan los amores que fueron y ya no son? ¿Hay posibilidad de sobrevida para un amor que se esfumó? Difícil encontrar una pena más humana y universal que la del amor perdido, y, por lo mismo, más tratada por la literatura en todas las épocas. Se requiere sin embargo de escritores de la talla de Juan Villoro para explorarla de manera profunda y a la vez amena. Es lo que logra el novelista, periodista, ensayista y dramaturgo mexicano en el excelente libro “Dos amores perdidos” (Menoscuarto, 2019) donde con especial delicadeza y maestría nos entrega dos historias “sobre la forma en que el afecto y la memoria recuperan amores que ya no pueden suceder en el mundo de los hechos y encuentran una supervivencia en las palabras”, según explica él mismo en el prólogo.

Se trata de dos novelas breves, reunidas en poco más de 100 páginas que recomiendo disfrutar sin prisa.

La primera, “Llamadas de Amsterdam”, publicada originalmente en 2003, trata de la ex pareja formada por Juan Jesús y Nuria; él un artista plástico que no logra vender sus obras y ella una exitosa ejecutiva de la industria editorial. Tras siete años de separación, ella ha rehecho su vida en Nueva York con otro hombre, mientras que él no logra sacársela de la cabeza ni de su corazón. Informado por un amigo en común que Nuria está de regreso en Ciudad de México con su nueva pareja, Juan Jesús decide llamarla desde una caseta de teléfonos de la calle Amsterdam donde ella vive. De ahí en adelante, la comunicación se retoma por vía telefónica, con no pocas equivocaciones, las que, felices o no, permiten que aquella se desarrolle apenas sujeta por los cables. Continuar leyendo “Penas de amor bajo la lluvia”

Gratitud en tiempos difíciles

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Photo by Bess Hamiti on Pexels.com

Gracias es una palabra que deberíamos repetir en estas semanas de extrema anormalidad en que vivimos. Es cierto que son días de inquietud por los hijos, padres y amigos que están lejos; días de incertidumbre económica y laboral, también de logística complicada y de noticias que nos embargan de zozobra y conmiseración por tanto sufrimiento que vemos a nuestro alrededor. Sin embargo, toda inconveniencia que podamos vivir palidece cuando pensamos en los enfermos y en el trabajo de médicos, enfermeras y personal de salud que están luchando cada segundo por salvar vidas en la primera línea de hospitales y UCIs.

¡Gracias a todos ellos, de todo corazón!

Gracias también a quienes con su trabajo esencial en supermercados, farmacias, seguridad y transporte hacen más llevadera esta situación tan única. Gracias a los vecinos que se ofrecen a hacer la compra al más vulnerable que no puede salir. Gracias a esa llamada o ese mensaje que acompaña al que está solo en este tiempo difícil. Gracias a todos los que se quedan en sus casas. Aún en los peores momentos, siempre hay algo por lo cual agradecer.

A la enorme mayoría nos toca quedarnos guardaditos en nuestros hogares para no poner más vidas en peligro y más vale hacerlo bien y con el espíritu en plena forma. Por eso que vaya un gran agradecimiento a la pila de libros que tenía pendiente y que me han servido para hacer llevaderos estos días de constante preocupación. Supongo que la mayoría de ustedes, lectores empedernidos, estarán conmigo al decir:

¡Gracias libros queridos!

Vuelvo así al tema de este blog y les comento de manera breve tres libros que estoy leyendo alternadamente de temas y géneros completamente diferentes entre sí. Cada uno en su estilo y contenido han sido una bendición a la hora de distraer la mente, ya sea que estén o no relacionados con la actualidad. No los he terminado aún de leer, de modo que les doy apenas unas pinceladas de lo que más me está gustando de ellos:

Gaskell

“Cuentos góticos”, de Elizabeth Gaskell: es un conjunto de cautivantes relatos llenos de secretos de familia, desapariciones misteriosas y fantasmas en caserones victorianos que nos sacan un ratito de la coyuntura. Gaskell fue una escritora inglesa de mediados del siglo XIX a quien Charles Dickens le pidió que colaborara con escritos para su revista Household Words, muchos de los cuales se incluyen en esta colección de nueve cuentos. Ya he leído tres de ellos y me ha gustado la habilidad de la autora para crear ambientes aparentemente costumbristas pero que esconden algún misterio bastante tétrico. Muy entretenidos y su lectura es altamente absorbente.

Rutherford

“How to argue with a racist”, (Cómo discutir con un racista) de Adam Rutherford: es el cuarto libro de este doctor en genética de University College London quien se ha dedicado a la divulgación científica escrita y televisada en premiados programas de la BBC. En esta amena obra entrega sólidos argumentos científicos, basados en la historia de la evolución humana y en las recientes investigaciones del genoma humano, para refutar cualquier idea de raza basada en términos biológicos. Es una lectura fascinante y nada de complicada, que entrega buenas armas en cuanto a conocimientos para rebatir a racistas que en vano tratan de recurrir a las ciencias. Lectura imperdible que refuerza la idea de que “tus ancestros son mis ancestros”, vengamos de donde vengamos. En el fondo, somos una sola humanidad.

Homero

“La Odisea”, de Homero: este era un gran pendiente que tenía desde hace años y que por fin he empezado a disfrutar. Es la historia del regreso del héroe Odiseo a su tierra y su familia tras diez años batallando en la guerra de Troya. Especialmente en los momentos en que vivimos, es fácil identificarse con el protagonista de este bello poema épico. Hoy, más que nunca, podemos entender cuánto añora Odiseo volver a abrazar a quienes ama y cuánto lucha por volver a la normalidad perdida. Gran parte del poema trata de los obstáculos que enfrenta en este retorno y su determinación y astucia al momento de  vencerlos. Su regreso es largo y dificultoso, pero llega por fin a Itaca a retomar la vida junto a su amada Penélope y a su querido hijo Telémaco.

Me quedo con esta nota positiva, confiando que entre todos podamos hacer más llevadero el camino de regreso a nuestra propia normalidad. ¡Gracias a todos los que están poniendo de su parte en esta tarea!

Y en caso de que se les acaben los libros de su pila de pendientes, les dejo este interesante artículo del sitio de Julián Marquina donde pueden encontrar vínculos a 18 editoriales que están ofreciendo gratis sus libros electrónicos durante este periodo. ¡Gracias también a ellos por su generosidad!

En busca de la ciudad soñada

Italo Calvino, Ciudades Invisibles
“Las ciudades invisibles”, Italo Calvino. Siruela (2012). Traducción: Aurora Bernárdez. Edición digital ISBN: 978-84-15723-20-2

“Las ciudades invisibles” de Italo Calvino es un libro que se disfruta con la mente y los sentidos, una obra que no solo se piensa, sino que también se huele, se mira, se saborea y se toca; que nos transporta a espacios inverosímiles y exóticos, al tiempo que nos interpela sin posibilidad de escape sobre el entorno en que vivimos, las ciudades que habitamos y el papel que tenemos en todo ello.

Basado en “El Millón” (1298-1299), obra redactada por Rustichello de Pisa, (también conocida como “Los viajes de Marco Polo”), el libro que Italo Calvino escribió en 1972, “Las ciudades invisibles”, pone nuevamente el relato en boca del mercader veneciano. Marco Polo aparece aquí describiendo a Kublai Kan, emperador de los tártaros, cada una de las 55 ciudades que ha visitado en sus viajes como embajador del monarca.

Todas las urbes relatadas tienen nombre de mujer, todas son imaginadas, imposibles y ninguna es reconocible. Reunidas (y luego re-barajadas) en grupos de a cinco, según sea la característica común que las distingue -“ciudades y la memoria”, “ciudades y el deseo”, “ciudades y los muertos”, “ciudades sutiles”, “ciudades continuas”, etc.- hay entre ellas ciudades alegres y tristes; urbes felices que están escondidas en las infelices; ciudades en el aire, en el mar o dentro de la tierra. Todo es posible en el imperio del Gran Kan, aunque él mismo no lo conozca.

Cada texto es breve, con una descripción a ratos sensual, a ratos abstracta, muchas veces en el terreno de la intuición. Para comprender habrá que dejarse llevar por los diferentes planos temporales, espaciales y lingüísticos que escapan de la realidad posible y que remiten más bien a universos borgianos como los de “El libro de Arena” o “La Biblioteca de Babel”.

Sensual, fantástico o abstracto, cada relato invita a la reflexión, a pensar en qué tipo de espacios habitamos y cómo es que estructuramos la vida en comunidad.  Decía Calvino en una charla que dio en la Universidad de Columbia, Nueva York, en 1983 que en esta obra creía haber desarrollado, “una discusión sobre la ciudad moderna”, y añadía que lo que a su Marco Polo le importaba era “descubrir las razones secretas que han llevado a los hombres a vivir en las ciudades”.

La conexión entre habitante y ciudad parece ineludible y lleva a preguntarse si el libro no trata, en el fondo, acerca de la persona humana, de sus pasiones, deseos y temores que se reflejan en la forma como modificamos y organizamos el entorno. Así, la alegoría abunda y podría postularse que detrás de cada lugar descrito hay una exploración poética del ser y quehacer humano. Continuar leyendo “En busca de la ciudad soñada”

Intermedio musical

Stacey Kent
“Breakfast on the morning tram” de Stacey Kent. Album lanzado en 2007 por el sello ParlOphone/Warner. Nominado al Grammy en 2008.

Me gustan estos días que me arrancan de la rutina, este interludio entre fiestas, este tiempo de familia, de reencuentro con amigos y de reposo para algunos, donde no sabemos en qué día de la semana estamos mientras esperamos el nuevo año y nos olvidamos un rato de la dieta.

Hay algo embriagador en esta sensación de transición que nos transporta de un tiempo a otro y nada mejor que acompañarla de buena música y letras nóbeles.

Hace poco descubrí a Stacey Kent, cantante de jazz estadounidense de larga carrera artística, y supe de la singular asociación que tiene con el escritor Kazuo Ishiguro (“Los Restos del día” (1989), “Nunca me abandones” (2005), entre otros), premio Nobel de Literatura 2017. Hasta 2002 ambos no se conocían, pero la casualidad quiso que un día, escuchando una entrevista radial que le hacían al autor, Stacey Kent quedara atónita cuando él señaló que era fanático de su música. Ante tanta coincidencia -porque ella también era ávida lectora de sus libros- decidió contactarlo para agradecerle sus palabras, lo que derivó en un encuentro y el comienzo de una amistad que dura hasta hoy.

La música es un tema tratado en muchas de las obras de Ishiguro (“Los Inconsolables” y “Nocturnos”, por ejemplo), pero nunca sus relatos habían sido transformados en música, al menos no en público. Según cuenta él mismo en un artículo del diario The Independent, escribir canciones fue una de sus pasiones en su juventud, por lo que se entusiasmó mucho cuando, a poco andar, Stacey Kent y su marido, el saxofonista Jim Tomlinson, le propusieron que escribiera la letra de canciones para su nueva producción discográfica.

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Kazuo Ishiguro, premio Nobel de Literatura 2017

Así nació el álbum “Breakfast on the Morning Tram” (2007), que incluye cuatro canciones escritas por Ishiguro con música de Tomlinson. Estas son “I wish I could go travelling again”, “So Romantic”, “The Ice Hotel” y “Breakfast on the Morning Tram”. En cada una, Ishiguro construye un universo delicado, sutil y lleno de metáforas, tan propio de su narrativa. Son canciones que cuentan historias de amor y desamor, de viajes, decepciones y nuevos lugares que suscitan emociones.

Una de mis favoritas es la que le dio el nombre al álbum y que en español se traduce como “Desayuno en el tranvía de la mañana”. Describe un lugar casi mágico -el tranvía de la mañana- con cualidades excepcionales, capaz de hacer que un extranjero en la gran ciudad se sienta acogido y comprendido. Lo invita a entrar y a disfrutar un panqueque de canela que le hará pasar su pena. Los otros pasajeros lo harán sentirse en casa, le ofrecerán más café y no lo dejarán sentarse solo. Porque han visto a muchos como él/ella y ellos también han pasado por lo mismo.

Dan ganas que toda gran ciudad tuviera uno de estos tranvías para acoger al agobiado recién llegado.

Otra canción, “The Ice hotel” (“El hotel de hielo”), es una invitación más romántica para arrancarse a un paisaje exótico por lo frío, sensual y extremo. Juega con contrastes y escapa del lugar común, sin dejar de lado el humor, muy bien interpretado por la bella voz de Kent. La música es hermosa y más que hablar de ella es mejor escucharla. Les dejo estos videos para que disfruten con unas lindas canciones estos últimos días de 2019.

Nos vemos en 2020, que espero traiga para todos, paz, amor, salud y muy buenas lecturas.

 

Confesiones de un hombre de dos caras

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“The Sympathizer”, Viet Thanh Nguyen. Corsair (2015) ISBN: 978-1-472151-38-4. En español: “El Simpatizante”. Seix Barral (2017). Traducción: Javier Calvo. ISBN: 978-8432232237

Vietnam, abril de 1975, las fuerzas del Viet Cong están a punto de entrar en Saigón, el pánico cunde, la batalla final se acerca: ¿caída o liberación de esta simbólica ciudad? Para el narrador y protagonista de “El simpatizante” (2015), novela de Viet Thanh Nguyen, se trata de ambas cosas a la vez: tanto derrota como victoria. Y ese es precisamente su drama, porque, a diferencia de quienes lo rodean, él puede ver las situaciones desde las dos caras de la moneda. Este narrador sin nombre es un espía, un topo, un comunista infiltrado en el círculo de confianza de un General del Ejército de Vietnam del Sur y sus aliados estadounidenses, que de tanto convivir con unos y otros no puede evitar simpatizar con todos.

Los primeros capítulos de esta novela -premiada con el Pulitzer de Ficción en 2016- describen con precisión hipnótica la dantesca escena de la captura de Saigón que marcó el fin de la guerra de Vietnam. La trama no suelta. La situación del narrador parece imposible: no solo espía a las fuerzas que están siendo derrotadas, sino que junto con ellas, debe esquivar las bombas amigas, luego de haber organizado la evacuación del General del Sur, su familia y una lista que él mismo compuso de “elegidos” que abordarán el último avión estadounidense que despegue de la capital huyendo de las fuerzas comunistas. El, sin embargo, no podrá quedarse a celebrar, ya que sus superiores del Viet Cong le ordenan partir con los refugiados y continuar su labor de espía en el exilio en EE.UU. de modo de advertirles sobre una eventual reorganización de fuerzas.

Narrada en forma de una confesión que solo hasta bien avanzado el relato no sabremos a quién se dirige, la novela juega todo el tiempo con la idea de dualidad, propia del agente encubierto, del “hombre de dos caras” como él mismo se define. Una dualidad potenciada por su calidad de mestizo, hijo ilegítimo (y no reconocido) de un sacerdote francés y una joven de una localidad pobre en el altiplano central de Vietnam. Desde niño ha vivido entre dos mundos, debiendo soportar las burlas de quienes lo tildaban de bastardo y la cruel indiferencia de su padre que no lo llamaba de ninguna manera.

Camaleónico en su resiliencia, el protagonista se mueve cómodamente entre realidades binarias: Norte-Sur, comunistas – capitalistas; EE.UU.-Vietnam; huéspedes-refugiados, que hacen las veces de espejo de la tensión de su propia identidad partida en dos. Lo interesante es que a veces los “bandos” se reorganizan y es así como durante el exilio en EE.UU. que sigue al escape de Saigón, y al pasar las mismas penurias que sus connacionales refugiados, la distinción entre vietnamitas del norte y vietnamitas del sur se va borrando en su mente para dejar paso a la dicotomía entre vietnamitas a secas y aquellos poderes que los han utilizado y luego abandonado.

La historia de este Capitán sin nombre refleja en el fondo el drama de un pueblo y su profundo sentimiento de haber sido traicionado, ya sea por la revolución comunista, ya sea por su aliado capitalista, o por ambos a la vez. En ese sentido, me pareció interesante que los eventos que se suceden a lo largo de la novela van dando una voz creíble a la perspectiva vietnamita -a secas, sin apellidos- generalmente ausente en los recuentos más hollywoodienses del conflicto de Vietnam. En eso creo que radica el mayor mérito de Viet Thanh Nguyen. Continuar leyendo “Confesiones de un hombre de dos caras”

En modo Quijote

Quijote y SanchoEsta ha sido una larga pausa sin escribir en mi blog y les pido disculpas, pero quiero contarles que no ha sido por falta de lecturas. Al contrario, en este tiempo he andado absolutamente absorta en este loco de El Quijote de La Mancha, cuyas aventuras por fin me animé a leer por completo, tal como las escribió Miguel de Cervantes Saavedra, en sus dos partes, con sus 126 capítulos y más de 1.100 páginas, que me devoré enteritas, una por una, además de un par de otras lecturas anexas que vinieron muy al caso.

No haré una reseña de la novela -para eso están los expertos cervantinos- solo contarles mi experiencia y animar a quienes no lo hayan hecho hasta ahora a lanzarse sin miedo a esta tremenda obra, no importa cuán literato o debutante se sea, ya que es un recorrido fascinante, accesible y sumamente entretenido.

Imposible no tener una idea -aunque sea estereotipada- del Quijote y su escudero Sancho Panza. Me dirán que lo estudiamos en el colegio; que sabemos que forma parte del acervo arquetípico de la literatura universal; que hemos visto obras de teatro, películas y hasta musicales sobre él. Otra cosa muy distinta, sin embargo, es tener una experiencia directa de estos personajes, conocerlos sin intermediarios más que el propio Cervantes. Y eso solo se logra leyéndolo. Entero.

Era una tarea que tenía pendiente hace muchísimo tiempo. Estudié literatura en una universidad británica, donde el canon más bien está teñido por ese otro gigante de las letras que es Shakespeare, por lo que, tarde o temprano, debía equilibrar la balanza y tener una experiencia de primera fuente de la obra del genial español.

Don Quijote de la Mancha

Es cierto que asusta un poco ese halo de “obra magna” que suele rodear a estos títulos que -con justísima razón- han sido elevados a los altares de la literatura universal, aunque a riesgo de hacerlos parecer inalcanzables para el “desocupado lector”, precisamente ese al que se dirige Cervantes. Mejor no pensarlo mucho y fue así que me lancé a su lectura. Para ello, elegí la edición del IV Centenario, de la RAE (Alfaguara, 2004) que tenía juntando polvo desde hace años, con notas de Francisco Rico y prólogos de Mario Vargas Llosa, Francisco Ayala y Martín de Riquer. Casi un kilo de libro, que me las arreglé para llevar a la playa durante el verano, en el tren, el avión y a donde fuera para aprovechar cada minuto libre.

A poco andar, comencé a disfrutar de una lectura entretenida, las más de las veces muy cómica, con un lenguaje accesible pese a haber sido escrita hace cuatro siglos y que, cuando no lo es, las notas ayudan a aclarar conceptos.

Creo que el Quijote es una obra que permite leerse a muchos niveles, pero debe primeramente ser abordada por el simple gusto de leer. Solo por ello, ya vale la pena. Disfrutar de su ingenio y su humor; apreciar tanto la comedia como la tragedia que se esconden en cada rincón; conocer a esos personajes tan creíbles, con reacciones tan humanas, que conversan en diálogos tan realistas que da la impresión de estar oyéndolos en vivo y en directo. Gozar de la ironía y la sátira que Cervantes hace de las formas más afectadas y admirar su creatividad narrativa sin igual que nos hace entrar en un laberinto de narradores, de historias dentro de historias, muñecas rusas contadas por moros y cristianos y una meta ficción llevada a extremos tan locos como cuando el mismo Quijote en la segunda parte (publicada en 1615) se admira de conocer a otros personajes que ya han leído sobre sus aventuras descritas en la primera parte de 1605.

Esta inventiva metaficcional es uno de los aspectos que más disfruté de la lectura. También quedé fascinada al disfrutar de primera fuente de la modernidad del Quijote, no solo por su genialidad narrativa, sino que por el tipo de temas que aborda y la forma en que lo hace, que bien podría trasladarse a situaciones sumamente actuales.

La libertad, la justicia, los conflictos y la convivencia entre diferentes grupos étnicos y religiosos, las migraciones, las expulsiones, la mezcla racial, la identidad, la temática de la mujer, la esclavitud, el amor, los celos, la corrupción y los desafíos del arte de gobernar son algunos de los temas que recorren las aventuras quijotescas y van reflejando a un Cervantes muy adelantado para su época. Continuar leyendo “En modo Quijote”

La ceguera con otra mirada

Lina Meruane (2)
“Sangre en el ojo”, Lina Meruane. Editorial Literatura Random House (2017). 177 páginas. ISBN:978-956-9766-64-0

Excelente novela “Sangre en el Ojo” de la escritora Lina Meruane, quien ya desde el título nos hace entrar en un juego de palabras donde literalidad y metáfora se mueven inseparables en un baile que va a recorrer todo el relato con gran inteligencia. Lina, la narradora, es una joven escritora, estudiante de posgrado, chilena en Nueva York, quien ha comenzado a quedarse ciega. Literalmente se le están llenando los ojos de sangre, pero junto con ello, también se le comienza a llenar el alma de rabia, miedo y frustración, desplegando una resistencia feroz a la enfermedad y un deseo de revancha que va a salpicar a quienes más la quieren.

La novela relata la angustiosa espera entre el momento en que comienza a ver “sangre derramándose dentro de mi ojo” durante una fiesta con amigos en Nueva York -evento que realmente le sucedió a la autora- y la operación a manos de un renombrado especialista -muy bien retratado-, en la cual tiene puestas todas sus esperanzas de recuperar la vista. No es una espera pasiva; al contrario, Lina está en permanente movimiento, la vemos cambiarse de casa, caminar a tientas en la nieve, ser empujada en silla de ruedas rauda por aeropuertos, para luego desplazarse a trastabillones por el avión en el que viaja sola a Chile. Avanzar parece ser la consigna, como si la narradora temiera que el detenerse la fuera a dejar ciega para siempre.

En este constante movimiento, la idea de la migración opera como telón de fondo y toma diferentes formas a lo largo de la narración: la protagonista, extranjera en Nueva York, viaja a su país, Chile, donde también se siente distinta; la vidente que pasa al mundo de los ciegos, se entera de lo incomprendido que resulta aquel para quienes aún ven, pero tampoco quiere pertenecer a él definitivamente. El cuerpo y la mente de Lina no se detienen, se mueven de un mundo a otro, comparando, tratando de dar sentido a las distintas realidades a su alrededor y emulando en cierta forma a la figura del ciego peregrino, mendigo, maldito, tan frecuente en la literatura desde hace siglos. Encarna así al “otro” errante, aquel que resulta incómodo porque aporta una visión diferente de las cosas, una crítica mordaz a su entorno, ya sea el neoyorquino o el chileno, el vidente o el ciego, porque lo “mira” desde el movimiento y siempre desde el margen.

En el marco de esta espera angustiosa, donde Lina confía en que la cirugía la salvará de la invidencia, la ceguera se impone como otro gran tema. En el aspecto literal, la narradora no escatima detalles -a veces difíciles de leer- cuando se trata de describir los crudos procedimientos médicos, las hostiles salas de espera y los tratamientos más incómodos que pueda imaginarse, a la vez que relata con una precisión cinematográfica los problemas prácticos de no ver, desde lo complicado que resulta viajar en metro hasta hacer una simple maleta.

Pero es en la metáfora donde la ceguera alcanza su mayor riqueza en esta novela. Por un lado, aparece como símbolo de incondicionalidad, del amor ciego, sobre todo en el personaje de Ignacio, su pareja, quien también hace las veces de “lazarillo”, otra figura frecuente en la literatura y la mitología, que recuerda a Antígona guiando fielmente a su padre Edipo, luego de que éste se arrancara los ojos al enterarse del incesto cometido con Yocasta, su madre, sin saberlo. Continuar leyendo “La ceguera con otra mirada”