Gratitud en tiempos difíciles

white and yellow flower with green stems
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Gracias es una palabra que deberíamos repetir en estas semanas de extrema anormalidad en que vivimos. Es cierto que son días de inquietud por los hijos, padres y amigos que están lejos; días de incertidumbre económica y laboral, también de logística complicada y de noticias que nos embargan de zozobra y conmiseración por tanto sufrimiento que vemos a nuestro alrededor. Sin embargo, toda inconveniencia que podamos vivir palidece cuando pensamos en los enfermos y en el trabajo de médicos, enfermeras y personal de salud que están luchando cada segundo por salvar vidas en la primera línea de hospitales y UCIs.

¡Gracias a todos ellos, de todo corazón!

Gracias también a quienes con su trabajo esencial en supermercados, farmacias, seguridad y transporte hacen más llevadera esta situación tan única. Gracias a los vecinos que se ofrecen a hacer la compra al más vulnerable que no puede salir. Gracias a esa llamada o ese mensaje que acompaña al que está solo en este tiempo difícil. Gracias a todos los que se quedan en sus casas. Aún en los peores momentos, siempre hay algo por lo cual agradecer.

A la enorme mayoría nos toca quedarnos guardaditos en nuestros hogares para no poner más vidas en peligro y más vale hacerlo bien y con el espíritu en plena forma. Por eso que vaya un gran agradecimiento a la pila de libros que tenía pendiente y que me han servido para hacer llevaderos estos días de constante preocupación. Supongo que la mayoría de ustedes, lectores empedernidos, estarán conmigo al decir:

¡Gracias libros queridos!

Vuelvo así al tema de este blog y les comento de manera breve tres libros que estoy leyendo alternadamente de temas y géneros completamente diferentes entre sí. Cada uno en su estilo y contenido han sido una bendición a la hora de distraer la mente, ya sea que estén o no relacionados con la actualidad. No los he terminado aún de leer, de modo que les doy apenas unas pinceladas de lo que más me está gustando de ellos:

Gaskell

“Cuentos góticos”, de Elizabeth Gaskell: es un conjunto de cautivantes relatos llenos de secretos de familia, desapariciones misteriosas y fantasmas en caserones victorianos que nos sacan un ratito de la coyuntura. Gaskell fue una escritora inglesa de mediados del siglo XIX a quien Charles Dickens le pidió que colaborara con escritos para su revista Household Words, muchos de los cuales se incluyen en esta colección de nueve cuentos. Ya he leído tres de ellos y me ha gustado la habilidad de la autora para crear ambientes aparentemente costumbristas pero que esconden algún misterio bastante tétrico. Muy entretenidos y su lectura es altamente absorbente.

Rutherford

“How to argue with a racist”, (Cómo discutir con un racista) de Adam Rutherford: es el cuarto libro de este doctor en genética de University College London quien se ha dedicado a la divulgación científica escrita y televisada en premiados programas de la BBC. En esta amena obra entrega sólidos argumentos científicos, basados en la historia de la evolución humana y en las recientes investigaciones del genoma humano, para refutar cualquier idea de raza basada en términos biológicos. Es una lectura fascinante y nada de complicada, que entrega buenas armas en cuanto a conocimientos para rebatir a racistas que en vano tratan de recurrir a las ciencias. Lectura imperdible que refuerza la idea de que “tus ancestros son mis ancestros”, vengamos de donde vengamos. En el fondo, somos una sola humanidad.

Homero

“La Odisea”, de Homero: este era un gran pendiente que tenía desde hace años y que por fin he empezado a disfrutar. Es la historia del regreso del héroe Odiseo a su tierra y su familia tras diez años batallando en la guerra de Troya. Especialmente en los momentos en que vivimos, es fácil identificarse con el protagonista de este bello poema épico. Hoy, más que nunca, podemos entender cuánto añora Odiseo volver a abrazar a quienes ama y cuánto lucha por volver a la normalidad perdida. Gran parte del poema trata de los obstáculos que enfrenta en este retorno y su determinación y astucia al momento de  vencerlos. Su regreso es largo y dificultoso, pero llega por fin a Itaca a retomar la vida junto a su amada Penélope y a su querido hijo Telémaco.

Me quedo con esta nota positiva, confiando que entre todos podamos hacer más llevadero el camino de regreso a nuestra propia normalidad. ¡Gracias a todos los que están poniendo de su parte en esta tarea!

Y en caso de que se les acaben los libros de su pila de pendientes, les dejo este interesante artículo del sitio de Julián Marquina donde pueden encontrar vínculos a 18 editoriales que están ofreciendo gratis sus libros electrónicos durante este periodo. ¡Gracias también a ellos por su generosidad!

En busca de la ciudad soñada

Italo Calvino, Ciudades Invisibles
“Las ciudades invisibles”, Italo Calvino. Siruela (2012). Traducción: Aurora Bernárdez. Edición digital ISBN: 978-84-15723-20-2

“Las ciudades invisibles” de Italo Calvino es un libro que se disfruta con la mente y los sentidos, una obra que no solo se piensa, sino que también se huele, se mira, se saborea y se toca; que nos transporta a espacios inverosímiles y exóticos, al tiempo que nos interpela sin posibilidad de escape sobre el entorno en que vivimos, las ciudades que habitamos y el papel que tenemos en todo ello.

Basado en “El Millón” (1298-1299), obra redactada por Rustichello de Pisa, (también conocida como “Los viajes de Marco Polo”), el libro que Italo Calvino escribió en 1972, “Las ciudades invisibles”, pone nuevamente el relato en boca del mercader veneciano. Marco Polo aparece aquí describiendo a Kublai Kan, emperador de los tártaros, cada una de las 55 ciudades que ha visitado en sus viajes como embajador del monarca.

Todas las urbes relatadas tienen nombre de mujer, todas son imaginadas, imposibles y ninguna es reconocible. Reunidas (y luego re-barajadas) en grupos de a cinco, según sea la característica común que las distingue -“ciudades y la memoria”, “ciudades y el deseo”, “ciudades y los muertos”, “ciudades sutiles”, “ciudades continuas”, etc.- hay entre ellas ciudades alegres y tristes; urbes felices que están escondidas en las infelices; ciudades en el aire, en el mar o dentro de la tierra. Todo es posible en el imperio del Gran Kan, aunque él mismo no lo conozca.

Cada texto es breve, con una descripción a ratos sensual, a ratos abstracta, muchas veces en el terreno de la intuición. Para comprender habrá que dejarse llevar por los diferentes planos temporales, espaciales y lingüísticos que escapan de la realidad posible y que remiten más bien a universos borgianos como los de “El libro de Arena” o “La Biblioteca de Babel”.

Sensual, fantástico o abstracto, cada relato invita a la reflexión, a pensar en qué tipo de espacios habitamos y cómo es que estructuramos la vida en comunidad.  Decía Calvino en una charla que dio en la Universidad de Columbia, Nueva York, en 1983 que en esta obra creía haber desarrollado, “una discusión sobre la ciudad moderna”, y añadía que lo que a su Marco Polo le importaba era “descubrir las razones secretas que han llevado a los hombres a vivir en las ciudades”.

La conexión entre habitante y ciudad parece ineludible y lleva a preguntarse si el libro no trata, en el fondo, acerca de la persona humana, de sus pasiones, deseos y temores que se reflejan en la forma como modificamos y organizamos el entorno. Así, la alegoría abunda y podría postularse que detrás de cada lugar descrito hay una exploración poética del ser y quehacer humano. Continuar leyendo “En busca de la ciudad soñada”

Intermedio musical

Stacey Kent
“Breakfast on the morning tram” de Stacey Kent. Album lanzado en 2007 por el sello ParlOphone/Warner. Nominado al Grammy en 2008.

Me gustan estos días que me arrancan de la rutina, este interludio entre fiestas, este tiempo de familia, de reencuentro con amigos y de reposo para algunos, donde no sabemos en qué día de la semana estamos mientras esperamos el nuevo año y nos olvidamos un rato de la dieta.

Hay algo embriagador en esta sensación de transición que nos transporta de un tiempo a otro y nada mejor que acompañarla de buena música y letras nóbeles.

Hace poco descubrí a Stacey Kent, cantante de jazz estadounidense de larga carrera artística, y supe de la singular asociación que tiene con el escritor Kazuo Ishiguro (“Los Restos del día” (1989), “Nunca me abandones” (2005), entre otros), premio Nobel de Literatura 2017. Hasta 2002 ambos no se conocían, pero la casualidad quiso que un día, escuchando una entrevista radial que le hacían al autor, Stacey Kent quedara atónita cuando él señaló que era fanático de su música. Ante tanta coincidencia -porque ella también era ávida lectora de sus libros- decidió contactarlo para agradecerle sus palabras, lo que derivó en un encuentro y el comienzo de una amistad que dura hasta hoy.

La música es un tema tratado en muchas de las obras de Ishiguro (“Los Inconsolables” y “Nocturnos”, por ejemplo), pero nunca sus relatos habían sido transformados en música, al menos no en público. Según cuenta él mismo en un artículo del diario The Independent, escribir canciones fue una de sus pasiones en su juventud, por lo que se entusiasmó mucho cuando, a poco andar, Stacey Kent y su marido, el saxofonista Jim Tomlinson, le propusieron que escribiera la letra de canciones para su nueva producción discográfica.

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Kazuo Ishiguro, premio Nobel de Literatura 2017

Así nació el álbum “Breakfast on the Morning Tram” (2007), que incluye cuatro canciones escritas por Ishiguro con música de Tomlinson. Estas son “I wish I could go travelling again”, “So Romantic”, “The Ice Hotel” y “Breakfast on the Morning Tram”. En cada una, Ishiguro construye un universo delicado, sutil y lleno de metáforas, tan propio de su narrativa. Son canciones que cuentan historias de amor y desamor, de viajes, decepciones y nuevos lugares que suscitan emociones.

Una de mis favoritas es la que le dio el nombre al álbum y que en español se traduce como “Desayuno en el tranvía de la mañana”. Describe un lugar casi mágico -el tranvía de la mañana- con cualidades excepcionales, capaz de hacer que un extranjero en la gran ciudad se sienta acogido y comprendido. Lo invita a entrar y a disfrutar un panqueque de canela que le hará pasar su pena. Los otros pasajeros lo harán sentirse en casa, le ofrecerán más café y no lo dejarán sentarse solo. Porque han visto a muchos como él/ella y ellos también han pasado por lo mismo.

Dan ganas que toda gran ciudad tuviera uno de estos tranvías para acoger al agobiado recién llegado.

Otra canción, “The Ice hotel” (“El hotel de hielo”), es una invitación más romántica para arrancarse a un paisaje exótico por lo frío, sensual y extremo. Juega con contrastes y escapa del lugar común, sin dejar de lado el humor, muy bien interpretado por la bella voz de Kent. La música es hermosa y más que hablar de ella es mejor escucharla. Les dejo estos videos para que disfruten con unas lindas canciones estos últimos días de 2019.

Nos vemos en 2020, que espero traiga para todos, paz, amor, salud y muy buenas lecturas.

 

Confesiones de un hombre de dos caras

Sympathizer
“The Sympathizer”, Viet Thanh Nguyen. Corsair (2015) ISBN: 978-1-472151-38-4. En español: “El Simpatizante”. Seix Barral (2017). Traducción: Javier Calvo. ISBN: 978-8432232237

Vietnam, abril de 1975, las fuerzas del Viet Cong están a punto de entrar en Saigón, el pánico cunde, la batalla final se acerca: ¿caída o liberación de esta simbólica ciudad? Para el narrador y protagonista de “El simpatizante” (2015), novela de Viet Thanh Nguyen, se trata de ambas cosas a la vez: tanto derrota como victoria. Y ese es precisamente su drama, porque, a diferencia de quienes lo rodean, él puede ver las situaciones desde las dos caras de la moneda. Este narrador sin nombre es un espía, un topo, un comunista infiltrado en el círculo de confianza de un General del Ejército de Vietnam del Sur y sus aliados estadounidenses, que de tanto convivir con unos y otros no puede evitar simpatizar con todos.

Los primeros capítulos de esta novela -premiada con el Pulitzer de Ficción en 2016- describen con precisión hipnótica la dantesca escena de la captura de Saigón que marcó el fin de la guerra de Vietnam. La trama no suelta. La situación del narrador parece imposible: no solo espía a las fuerzas que están siendo derrotadas, sino que junto con ellas, debe esquivar las bombas amigas, luego de haber organizado la evacuación del General del Sur, su familia y una lista que él mismo compuso de “elegidos” que abordarán el último avión estadounidense que despegue de la capital huyendo de las fuerzas comunistas. El, sin embargo, no podrá quedarse a celebrar, ya que sus superiores del Viet Cong le ordenan partir con los refugiados y continuar su labor de espía en el exilio en EE.UU. de modo de advertirles sobre una eventual reorganización de fuerzas.

Narrada en forma de una confesión que solo hasta bien avanzado el relato no sabremos a quién se dirige, la novela juega todo el tiempo con la idea de dualidad, propia del agente encubierto, del “hombre de dos caras” como él mismo se define. Una dualidad potenciada por su calidad de mestizo, hijo ilegítimo (y no reconocido) de un sacerdote francés y una joven de una localidad pobre en el altiplano central de Vietnam. Desde niño ha vivido entre dos mundos, debiendo soportar las burlas de quienes lo tildaban de bastardo y la cruel indiferencia de su padre que no lo llamaba de ninguna manera.

Camaleónico en su resiliencia, el protagonista se mueve cómodamente entre realidades binarias: Norte-Sur, comunistas – capitalistas; EE.UU.-Vietnam; huéspedes-refugiados, que hacen las veces de espejo de la tensión de su propia identidad partida en dos. Lo interesante es que a veces los “bandos” se reorganizan y es así como durante el exilio en EE.UU. que sigue al escape de Saigón, y al pasar las mismas penurias que sus connacionales refugiados, la distinción entre vietnamitas del norte y vietnamitas del sur se va borrando en su mente para dejar paso a la dicotomía entre vietnamitas a secas y aquellos poderes que los han utilizado y luego abandonado.

La historia de este Capitán sin nombre refleja en el fondo el drama de un pueblo y su profundo sentimiento de haber sido traicionado, ya sea por la revolución comunista, ya sea por su aliado capitalista, o por ambos a la vez. En ese sentido, me pareció interesante que los eventos que se suceden a lo largo de la novela van dando una voz creíble a la perspectiva vietnamita -a secas, sin apellidos- generalmente ausente en los recuentos más hollywoodienses del conflicto de Vietnam. En eso creo que radica el mayor mérito de Viet Thanh Nguyen. Continuar leyendo “Confesiones de un hombre de dos caras”

En modo Quijote

Quijote y SanchoEsta ha sido una larga pausa sin escribir en mi blog y les pido disculpas, pero quiero contarles que no ha sido por falta de lecturas. Al contrario, en este tiempo he andado absolutamente absorta en este loco de El Quijote de La Mancha, cuyas aventuras por fin me animé a leer por completo, tal como las escribió Miguel de Cervantes Saavedra, en sus dos partes, con sus 126 capítulos y más de 1.100 páginas, que me devoré enteritas, una por una, además de un par de otras lecturas anexas que vinieron muy al caso.

No haré una reseña de la novela -para eso están los expertos cervantinos- solo contarles mi experiencia y animar a quienes no lo hayan hecho hasta ahora a lanzarse sin miedo a esta tremenda obra, no importa cuán literato o debutante se sea, ya que es un recorrido fascinante, accesible y sumamente entretenido.

Imposible no tener una idea -aunque sea estereotipada- del Quijote y su escudero Sancho Panza. Me dirán que lo estudiamos en el colegio; que sabemos que forma parte del acervo arquetípico de la literatura universal; que hemos visto obras de teatro, películas y hasta musicales sobre él. Otra cosa muy distinta, sin embargo, es tener una experiencia directa de estos personajes, conocerlos sin intermediarios más que el propio Cervantes. Y eso solo se logra leyéndolo. Entero.

Era una tarea que tenía pendiente hace muchísimo tiempo. Estudié literatura en una universidad británica, donde el canon más bien está teñido por ese otro gigante de las letras que es Shakespeare, por lo que, tarde o temprano, debía equilibrar la balanza y tener una experiencia de primera fuente de la obra del genial español.

Don Quijote de la Mancha

Es cierto que asusta un poco ese halo de “obra magna” que suele rodear a estos títulos que -con justísima razón- han sido elevados a los altares de la literatura universal, aunque a riesgo de hacerlos parecer inalcanzables para el “desocupado lector”, precisamente ese al que se dirige Cervantes. Mejor no pensarlo mucho y fue así que me lancé a su lectura. Para ello, elegí la edición del IV Centenario, de la RAE (Alfaguara, 2004) que tenía juntando polvo desde hace años, con notas de Francisco Rico y prólogos de Mario Vargas Llosa, Francisco Ayala y Martín de Riquer. Casi un kilo de libro, que me las arreglé para llevar a la playa durante el verano, en el tren, el avión y a donde fuera para aprovechar cada minuto libre.

A poco andar, comencé a disfrutar de una lectura entretenida, las más de las veces muy cómica, con un lenguaje accesible pese a haber sido escrita hace cuatro siglos y que, cuando no lo es, las notas ayudan a aclarar conceptos.

Creo que el Quijote es una obra que permite leerse a muchos niveles, pero debe primeramente ser abordada por el simple gusto de leer. Solo por ello, ya vale la pena. Disfrutar de su ingenio y su humor; apreciar tanto la comedia como la tragedia que se esconden en cada rincón; conocer a esos personajes tan creíbles, con reacciones tan humanas, que conversan en diálogos tan realistas que da la impresión de estar oyéndolos en vivo y en directo. Gozar de la ironía y la sátira que Cervantes hace de las formas más afectadas y admirar su creatividad narrativa sin igual que nos hace entrar en un laberinto de narradores, de historias dentro de historias, muñecas rusas contadas por moros y cristianos y una meta ficción llevada a extremos tan locos como cuando el mismo Quijote en la segunda parte (publicada en 1615) se admira de conocer a otros personajes que ya han leído sobre sus aventuras descritas en la primera parte de 1605.

Esta inventiva metaficcional es uno de los aspectos que más disfruté de la lectura. También quedé fascinada al disfrutar de primera fuente de la modernidad del Quijote, no solo por su genialidad narrativa, sino que por el tipo de temas que aborda y la forma en que lo hace, que bien podría trasladarse a situaciones sumamente actuales.

La libertad, la justicia, los conflictos y la convivencia entre diferentes grupos étnicos y religiosos, las migraciones, las expulsiones, la mezcla racial, la identidad, la temática de la mujer, la esclavitud, el amor, los celos, la corrupción y los desafíos del arte de gobernar son algunos de los temas que recorren las aventuras quijotescas y van reflejando a un Cervantes muy adelantado para su época. Continuar leyendo “En modo Quijote”

La ceguera con otra mirada

Lina Meruane (2)
“Sangre en el ojo”, Lina Meruane. Editorial Literatura Random House (2017). 177 páginas. ISBN:978-956-9766-64-0

Excelente novela “Sangre en el Ojo” de la escritora Lina Meruane, quien ya desde el título nos hace entrar en un juego de palabras donde literalidad y metáfora se mueven inseparables en un baile que va a recorrer todo el relato con gran inteligencia. Lina, la narradora, es una joven escritora, estudiante de posgrado, chilena en Nueva York, quien ha comenzado a quedarse ciega. Literalmente se le están llenando los ojos de sangre, pero junto con ello, también se le comienza a llenar el alma de rabia, miedo y frustración, desplegando una resistencia feroz a la enfermedad y un deseo de revancha que va a salpicar a quienes más la quieren.

La novela relata la angustiosa espera entre el momento en que comienza a ver “sangre derramándose dentro de mi ojo” durante una fiesta con amigos en Nueva York -evento que realmente le sucedió a la autora- y la operación a manos de un renombrado especialista -muy bien retratado-, en la cual tiene puestas todas sus esperanzas de recuperar la vista. No es una espera pasiva; al contrario, Lina está en permanente movimiento, la vemos cambiarse de casa, caminar a tientas en la nieve, ser empujada en silla de ruedas rauda por aeropuertos, para luego desplazarse a trastabillones por el avión en el que viaja sola a Chile. Avanzar parece ser la consigna, como si la narradora temiera que el detenerse la fuera a dejar ciega para siempre.

En este constante movimiento, la idea de la migración opera como telón de fondo y toma diferentes formas a lo largo de la narración: la protagonista, extranjera en Nueva York, viaja a su país, Chile, donde también se siente distinta; la vidente que pasa al mundo de los ciegos, se entera de lo incomprendido que resulta aquel para quienes aún ven, pero tampoco quiere pertenecer a él definitivamente. El cuerpo y la mente de Lina no se detienen, se mueven de un mundo a otro, comparando, tratando de dar sentido a las distintas realidades a su alrededor y emulando en cierta forma a la figura del ciego peregrino, mendigo, maldito, tan frecuente en la literatura desde hace siglos. Encarna así al “otro” errante, aquel que resulta incómodo porque aporta una visión diferente de las cosas, una crítica mordaz a su entorno, ya sea el neoyorquino o el chileno, el vidente o el ciego, porque lo “mira” desde el movimiento y siempre desde el margen.

En el marco de esta espera angustiosa, donde Lina confía en que la cirugía la salvará de la invidencia, la ceguera se impone como otro gran tema. En el aspecto literal, la narradora no escatima detalles -a veces difíciles de leer- cuando se trata de describir los crudos procedimientos médicos, las hostiles salas de espera y los tratamientos más incómodos que pueda imaginarse, a la vez que relata con una precisión cinematográfica los problemas prácticos de no ver, desde lo complicado que resulta viajar en metro hasta hacer una simple maleta.

Pero es en la metáfora donde la ceguera alcanza su mayor riqueza en esta novela. Por un lado, aparece como símbolo de incondicionalidad, del amor ciego, sobre todo en el personaje de Ignacio, su pareja, quien también hace las veces de “lazarillo”, otra figura frecuente en la literatura y la mitología, que recuerda a Antígona guiando fielmente a su padre Edipo, luego de que éste se arrancara los ojos al enterarse del incesto cometido con Yocasta, su madre, sin saberlo. Continuar leyendo “La ceguera con otra mirada”

Las mil formas de llorar

Milena Busquets
“También esto pasará”, Milena Busquets. Editorial Anagrama (2015). 172 páginas. ISBN:978-84-339-9788-3

La paradoja del duelo, del cómo enfrentamos la muerte de un ser querido, es que se trata de un proceso único, donde no hay dos maneras idénticas de llevarlo y, sin embargo, todos sabemos reconocerlo cuando lo tenemos cerca como una vivencia universal y empatizamos de inmediato con quien lo sufre. Transmitir con palabras la esencia de ese penoso camino sin caer en el lugar común, no es tarea fácil y quizás ahí radique el acierto de Milena Busquets en su excelente novela “También esto pasará”, la bien contada historia del dolor de una hija tras el deceso de su madre. Su reacción a la muerte, su manera de apaciguar la pena y de olvidar la ausencia puede que no se parezca en nada a nuestros propios duelos, sin embargo, el relato está tan bien tejido que nos hace revivirlos e identificarnos completamente con la narradora.

Blanca, 40 años, -un alter ego de la autora, hija de la editora/escritora Esther Tusquets- le cuenta a su madre recién muerta todo lo que le sucede, siente y piensa durante las primeras semanas que siguen al funeral. La acción empieza y termina en el cementerio, pero transcurre principalmente en Cadaqués, lugar de su infancia a orillas del Mediterráneo, donde la protagonista ha ido a pasar unos días con sus dos niños, sus dos ex maridos y un par de amigas, a los que se unirán más personajes masculinos, formando una tribu bastante dispar y ruidosa que intentará a ratos sacarla de su pena.

Pese al revuelo del verano, se trata de una novela íntima, donde la trama simple en acontecimientos se pone al servicio de la expresiva narración del adolorido, enrabiado y exhausto mundo interior de Blanca, justo después de enterrar a su madre.

El monólogo interno es ágil, se lee fácil y engancha por su lenguaje coloquial y por lo cercanas que parecen ciertas situaciones y sensaciones. Busquets, en la voz de Blanca, deja correr libremente y con gran habilidad ese flujo de consciencia que la hace saltar de un relato a otro, asociando situaciones banales con algún aspecto de la vida y muerte de su madre. La forma en que Blanca juguetea con el móvil mientras coquetea con un amigo la traslada a la enfermedad materna y a contar cómo temía cada llamada de teléfono durante las últimas semanas; un comentario de su hijo en el auto la conecta al miedo de su madre en la fase terminal; la carnicería de la esquina en Cadaqués, le recuerda los hospitales que recorrieron juntas y así sucesivamente.

Todo la renvía a ella con la violencia de un tenso elástico; todo gatilla algún recuerdo de su último tiempo y también de su propia infancia, la forma en que le hablaba, las peleas, su ausencia al momento de su muerte. No se la puede sacar de su cabeza, de sus pesadillas, de su piel y de su corazón.

Hay recuerdos, pero también está el presente: paseos en barca, sol, fiestas y mucho sexo. Para Blanca, el antónimo de la muerte es el sexo: con su ex marido, con su actual amante, un hombre casado; ganas de sexo con un desconocido que ve en el cementerio y luego en la playa, flirteos incluso con un amigo del que reconoce no sentirse atraída para nada. Sexo como negación de la muerte, la eterna tensión entre Eros y Thanatos de la que hablaba Freud. Continuar leyendo “Las mil formas de llorar”

Esas complicadas criaturas de cable y hueso

McEwan
“Machines Like Me”, Ian McEwan. Editorial Jonathan Cape (2019). 306 paginas. ISBN: 978-1-787-33166-2

Año 1982. En una realidad alternativa, el Reino Unido ha perdido la guerra de las Malvinas, los Beatles acaban de lanzar su último álbum y Alan Turing -el gran matemático inglés que descifró en 1944 el código Enigma de los alemanes y aceleró la victoria de los aliados- no se suicidó en 1954 sino que goza de excelente salud. Gracias a sus investigaciones en inteligencia artificial, se ha desarrollado una tecnología capaz de producir robots de aspecto absolutamente humano, de los que se acaban de lanzar a la venta 25 “individuos”: 12 Adanes y 13 Evas. Son caros, pero Charlie Friend, un antropólogo y nerd de la electrónica, que vive al tres y al cuatro de lo que le dan sus transacciones en línea, decide gastarse la herencia que le dejó su madre y comprarse un Adán (Adam), cuya personalidad programará a medias con Miranda, su joven vecina de quien está enamorado.

Dos humanos y un robot, un triángulo complicado pero que a cargo de la pluma de Ian McEwan, el laureado y versátil escritor británico, se transforma en una entretenida e interesante novela, “Machines Like Me” (2019), que aborda problemas humanos actuales, así como cuestiones inquietantes sobre el futuro.

No será la primera ni la última vez que leamos un libro sobre inteligencia artificial y robots de aspecto humanoide. El tema viene dando vuelta por décadas, con Isaac Asimov (1920-1992) a la cabeza como uno de los autores más influyentes entre quienes se han dejado inspirar por esta idea, loca en su época -años 50-, aunque no tanto hoy en día. Puede que no sea una idea original, pero McEwan acierta a darle una vuelta de tuerca adicional con maestría literaria, planteando preguntas interesantes de plena actualidad. Mal que mal, y tal como lo ha dicho antes el autor, los libros de ciencia ficción, más que del futuro, tratan realmente del presente.

A diferencia de los robots de metal y tuercas de Asimov, los de McEwan tienen un aspecto perfectamente humano. De piel suave y movimientos fluidos, están diseñados a la perfección para realizar todo lo que un común mortal es capaz de hacer, desde desmalezar el jardín hasta hacer el amor, además de poseer una habilidad de procesamiento de información con la que un humano no podría ni soñar. Tanta perfección, sin embargo, llegará a complicar la vida de Charlie, quien, a poco andar, se habrá arrepentido de su compra. Adam se ha enamorado de Miranda, le escribe haikus y amenaza con destruir su vida junto con la de su amada.

Como ocurre habitualmente en las novelas de McEwan – en especial “La Ley del Menor” (2015), “Expiación” (2002), “Operación Dulce” (2013) y “Cáscara de Nuez” (2017)- los problemas que enfrentan sus protagonistas tienen siempre un trasfondo moral. Por variada que sea la temática aparente, ésta se transforma en una buena excusa para explorar esa línea a veces tenue que separa la mentira del secreto y este de las verdades a medias, o para ahondar en el dilema entre lo perfecto y lo posible, tan propio de decisiones morales complicadas, donde no existe una salida óptima, sino que solo un mal menor. Continuar leyendo “Esas complicadas criaturas de cable y hueso”

De soledad, silencio y duendes pampinos

H. Rivera Letelier
“Romance del duende que me escribe las novelas”
Hernán Rivera Letelier
DEBOLS!LLO, 2017
ISBN: 978-956-325-337-5
107 páginas

Tras leer varios libros de no ficción, decidí refrescar un poco la mente con una buena historia repleta de imaginación y fantasía de uno de mis autores chilenos favoritos, Hernán Rivera Letelier. “Romance del duende que me escribe las novelas” (2005) no se deja catalogar fácilmente en un género determinado y quizás por ello su lectura es tan cautivante. Ficción o no ficción, novela, biografía o cuento fantástico, poco importan las etiquetas. Sobre todo, cuando la narración rebosa de una inventiva capaz de transformarse en metáfora y buena excusa para tratar temas fundamentales que a nadie deja indiferente, independiente de si creemos o no en los simpáticos duendes pampinos que plagan el relato.

Ante todo, “Romance…” es una narración entretenida, tierna y llena de poesía y humor, lo que nunca falta en las obras de Rivera Letelier. En poco más de cien páginas, el escritor nos cuenta buena parte de su vida en la pampa atacameña, partiendo por su infancia, cuando el duende -que jugaba a escondidas con sus bolitas de vidrio- le habló por primera vez y se convirtió en algo así como su “maestro de pensamiento”.

Travieso y meditabundo; sabio y juguetón, su duende lo acompañó en las buenas y en las malas -sobre todo tras la muerte de su mamá – hasta que dejó de ser niño, esto es, cuando “de improviso me dio por pensar en el universo, en Dios, en la vida; en quién era yo, en suma. Y una desolación infinita invadió mi espíritu”. Llegado ese momento, el duende le advierte que ya no lo verá más, ni podrá conversar con él, pero que de alguna manera sentirá su presencia.

A partir de entonces, el tono es nostálgico, se anhela el reencuentro y se emprende la búsqueda de este ser tan misterioso como benéfico. Debo confesar que el pacto ficcional que se establece con el autor es tan fuerte que, al menos en mi caso, durante todo el resto del relato no quise otra cosa más que el narrador volviera a ver a su querido duende.

El proceso dura años, transcurre una vida, pero la infancia reaparece continuamente, como si siguiera viva en un rincón de la mente y el corazón del narrador. Aunque escrito por el autor adulto, la voz es la del niño que no deja de sorprenderse, de preguntarse, de ver “duendes y duendas” en muchas personas que, aunque no lo parezcan en su físico, sí tienen la actitud propia de estos seres: “además de ir por la vida con sus luces encendidas y el velamen de su ánimo a todo viento, poseen un rasgo característico: lucen como niños asombrados. Viven en perpetuo asombro.” Dan ganas de tener un duende amigo.

“Romance …” es la historia de una mente abierta, de ojos atentos a ver lo que otros no pueden o no quieren ver, de un espíritu dispuesto a dejarse entusiasmar por la poesía, la música y un buen cuento. Tal vez en eso consiste el talento creativo del escritor, quien reconoce que “las páginas más felices, los párrafos mejor logrados, aquellas frases tocadas fugazmente por el resplandor de la epifanía, me las escribe mi duende. O me las corrige”, tal cual les ha ocurrido a muchos otros artistas.

Escenario de esta historia es el desierto, la pampa como personaje y marco de su vida, recurrente en toda la obra de Hernán Rivera Letelier. Una vastedad que quema y que imanta; un espacio que lo vio crecer y que ahora acoge a lobos solitarios, que se quedan viviendo en pueblos abandonados, en oficinas salitreras que fueron cerrando una a una, dejando tras de sí el esqueleto de palos y fierros de lo que alguna vez fue vida en uno de los territorios más secos del mundo. Continuar leyendo “De soledad, silencio y duendes pampinos”

Oscar Bustamante y el arte de crear un personaje redondo

O. Bustamante 1

Nada le sale bien a Carlos Overnead, el narrador y protagonista de la novela “Explicación de todos mis tropiezos”, de Oscar Bustamante. A primera vista, podría encasillársele en el estereotipo del perdedor, la oveja negra de la familia; ese primo, esa tía lejana, ese compañero de curso o conocido que todos tenemos en nuestros círculos a los que todo le sale mal. Aquellos que no dan pie con bola ni en lo sentimental/ familiar, ni en lo laboral, ni en lo económico. Esos que andan siempre en problemas y a los que -seamos francos- muchas veces tendemos a hacerles el quite.

La maestría de Bustamante -escritor chileno que merecería más fama de la que tiene- consiste en transformar este personaje estereotípico, y por ende predecible, en lo que E.M. Foster llama un personaje redondo -en oposición a uno plano-, de aquellos que sorprenden y enriquecen nuestro conocimiento de la condición humana.

Carlos Overnead es un nostálgico empedernido, añora su mundo rural, ese campo de Cauquenes donde nació y se crió y que su padre vendió para pagar deudas y despilfarrar el resto. De ahí en adelante, todo es cuesta abajo para este personaje casi de otro siglo, quien se siente educado “para cultivarme, no para trabajar”. Bueno para el box y el trago, la buena pinta, la simpatía y su excelente gancho izquierdo no le servirán, sin embargo, para enfrentar la realidad del Chile de fines del siglo XX en que está ambientada esta excelente y entretenida novela.

Claramente Carlos Overnead “trae consigo lo imprevisible de la vida” que exige E.M Foster para esos personajes capaces de sorprender. Con su voz tan propia -la única que se escucha en todo el libro y que Bustamante compone con arte y amenidad- el protagonista/narrador nos envuelve en su relato, provocando un sin fin de reacciones, a veces contradictorias, a medida que intenta dar razones del por qué de sus “tropiezos”. Es un personaje complejo, irrita fácilmente con sus aires de superioridad, aunque también saca más de una risa con sus salidas tan criollas y sinceras, a la vez que divierten sus brotes de optimismo delirante. Chocan sus exabruptos de violencia, o su inconstancia casi patológica pero también estremece su honestidad a medida que pasan los capítulos y su vulnerabilidad se hace evidente cuando declara haberse amistado con la derrota y -lo que parte el alma-, haberse acostumbrado al abandono.

La novela está escrita en formato epistolar. Carlos le escribe a su primo Francisco, una especie de Théo van Gogh moderno, al cual el protagonista recurre toda vez que está en aprietos, esto es, a cada rato. Le pide plata, trabajo, que lo saque de la pensión de mala muerte donde ha caído; que venga a buscarlo a la clínica psiquiátrica donde, según dice, lo han internado por alcohólico, aunque la cosa parece más seria. Por lo que nos cuenta el protagonista, efectivamente este querido primo y amigo de infancia con quien jugaba en el fundo del sur, lo rescata de todos sus tropiezos, lo saca de la cárcel, incluso del país cuando ya su permanencia se hace insostenible. Sin embargo, nos ponemos dudosos y no sabemos si al final del día lo que quiere Francisco es sacárselo de encima. Y quién lo culparía, Carlos no es un personaje fácil.

Aunque toda la información la recibimos de voz de Carlos -no conocemos las cartas de respuesta de su primo Francisco-, el autor deja entrever con gran habilidad a medida que avanza el relato, que hay otras versiones que completan la del protagonista, las cuales éste no es capaz de reconocer. Bustamante consigue así el doble efecto de hacernos empatizar con el dolor de Carlos, de que nos identifiquemos con muchas de sus debilidades o al menos comprendamos de dónde vienen y, por otro lado, que nos hagamos un juicio propio -diferente del de Carlos- respecto de las reacciones de los otros personajes, sus ex esposas, su familia, sus amigos y de la relación que tiene con ellos. Continuar leyendo “Oscar Bustamante y el arte de crear un personaje redondo”